Páginas

sábado, 18 de dezembro de 2010

sixty seven

    Todo comezou cun tipo calquera a danzar lentamente no medio da rúa ás sete da madrugada dun sábado.
    Aos poucos fóiselle unindo xente. A danza era ben simple, con pasos á esquerda e á dereita alzando o pé, ritmicamente; até un neno podería facelo.
    Unha hora despois, mil seiscentos cidadaos uníranse á danza.
    Cara ao mediodía, xa eran oito mil novecentos.
    E no serao, absolutamente toda a cidade, por volta dun millón de habitantes, uníranse á danza daquel tipo anónimo que a iniciara de madrugada.
    Vinte e catro horas despois, caía o goberno.
    Unha xornalista conseguiu localizar o iniciador daquela danza de protesto. O tipo quixo fuxir dela para non lle dicer nada acerca dos motivos por que iniciara aquel movemento rítmico de protesto que dera mudado un goberno e causara a ledicia de todo un país.
    Era normal que o tipo non quixese falar. Tería sentido unha vergoña inconfesábel admitindo que comezara a danza porque, estando totalmente bébedo, empezou a sentir unha música dentro da súa cabeza que o convidaba a danzar.



    Todo empezó con un tipo cualquiera bailando lentamente en medio de la calle a las siete de la madrugada de un sábado.
    Al poco se le fue uniendo gente. El baile era sencillísimo, con pasos a la izquierda y a la derecha levantando el pie rítmicamente. Hasta un niño podría hacerlo.
    Una hora después, mil seiscientos ciudadanos se habían ya unido al baile.
    Hacia el mediodía, ya eran ocho mil novecientos.
    Y al atardecer, absolutamente toda la ciudad, cerca de un millón de habitantes, se habían unido a aquel baile del tipo anónimo que lo había iniciado de madrugada.
    Veinticuatro horas después, caía el gobierno.
    Una periodista consiguió localizar al iniciador de aquel baile de protesta. El tipo quiso huir de ella para no contarle nada acerca de los motivos por los que había iniciado aquel baile rítmico de protesta que había conseguido cambiar un gobierno y traído alegría a todo un país.
    Era normal que el tipo no quisiera hablar. Le habría resultado una vergüenza inconfensable admitir que había empezado el baile porque, como estaba totalmente borracho, comenzó a sentir una música de su cabeza que lo convidaba a bailar.



    Everything began with an anonymous fellow who set to dance slowly in the middle of the street at seven a.m. on Saturday.
    Little by little more people joined him. The dance was quite simple, steps into the left and into the right raising the foot rythmically. Even a child could cope with it.
    An hour later, thousand six hundred had joined the dance.
    At noon there were already some eight thousand people dancing.
    In the evening, the whole city, around one million inhabitants, had joined the dance together with that anonymous bloke that had commenced it early in the morning.
    Twenty four hours later, the Government fell down.
    A journalist achieved to find the person who had initiated the protest dance. The guy wanted to flee her in order to avoid giving explanations why he had started that rythmical protest dance that had get rid of a government and caused joy to people.
    It was normal the man refused to talk. He would have felt totally ashamed to recognise that he had set the dance because, being completely drunk, he had began to hear a music within his head inviting him to dance.

Sem comentários: