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domingo, 4 de julho de 2010

forty nine

    O señor Rodríguez, editor gordo e calvo, moi perto xa dos cincuenta, quixo darlle unha oportunidade a aquela nova poeta. Tiña talento, con efecto, mais aínda había demostrar até onde estaba disposta a chegar. Por iso, el baixou a braguilla das calzas e mostrou á rapaza o seu membro en perfecta erección. Da que o sostiña coa man dereita, díxolle a ela:
    - Vexamos que obra de arte es capaz de facer con isto.
    Ela, sen hesitar, apañou un aparello do bolso e comezou a lle tatuar no pene en erección unha frase: "Son un gordecho fillo de puta".



    El señor Rodríguez, editor gordo y calvo, ya muy cerca de los cincuenta, quiso darle una oportunidad a aquella joven poeta. Tenía talento, sí, pero aún tenía que demostrar hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Por eso, se bajó la bragueta y le mostró a la joven su miembro en perfecta erección. Mientras lo sostenía con la mano derecha, él le dijo:
    - Veamos qué obra de arte eres capaz de hacer con esto.
    Ella, sin dudarlo, cogió una herramienta de su bolso y empezó a tatuarle en el pene en erección una frase: "Soy un gordo hijo puta".



    Mr Rodríguez, a fat and bald publisher near his fifties, wanted to give that young poet woman a chance. She was talented indeed, but she ought to show him what she was ready to offer him. That is why he unzipped his trousers and showed her his fully erected penis he was holding with his right hand; then he said to her:
    "Show me what a piece of art you are capable to do with this".
    She didn't hesitate. She produced a device from her handbag and began to tattoo a sentence on his cock: "I'm a fat motherfucker".

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