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quarta-feira, 21 de julho de 2010

fifty seven

    O aprendiz de fascista viu aquel nome escrito en basco na caixa do correo dunha vivenda no seu propio predio. Sen hesitar, colleu o seu marcador, emborronou o nome orixinal e reescribiu o nome Itsaso como Isabel, porque a el lle pareceu que esa era a equivalencia en castelao.
    Toda a escena fora presenciada por un xigantón de dous metros dez cuxa expresión denotaba algún tipo de retraso mental lixeiro. O aprendiz de fascista quedou a ollar para el. Non se atrevía a atacalo porque embora tivese pouca intelixencia, con certeza tiña moito músculo. Por iso explicoulle:
    - Estamos en España, daquela os nomes han ir en español. E ademais éche así porque me sae dos collóns, viches?
    O xigantón apenas asentiu coa cabeza.
    Un ano máis tarde, o aprendiz de fascista espreitaba pola periferia a localización de favelas de emigrantes a quen bater. De repente, sentiu que o collían da camisa até ficar alzado un metro por riba do chan. Antes de el poder reaxir, aterrou entre un grupiño de simpáticos cochos choídos nun antigo alxibe, os cales interromperon apenas durante uns segundos a súa tarefa alimentar para despois continuar co seu, sen lle dar máis importancia á presenza daquel estraño que acababa de se unir a eles.
    O aprendiz de fascista ergueu a cabeza e viu no alto do alxibe o xigantón, que lle sorría. Con expresión infantil, antes de o aprendiz de fascista lle poder largar calquera queixa, o xigantón díxolle:
    - Cheiras a cocho, por tanto has vivir entre os cochos. E ademais, éche así porque me sae dos collóns, viches?



    El aprendiz de fascista vio aquel nombre escrito en vasco en buzón de correo de una vivienda de su propio edificio. Sin dudarlo, cogió el rotulador, emborronó el nombre original y reescribió el nombre Itsaso como Isabel, porque a él le pareció que esa debía ser la equivalencia en castellano.
    Toda la escena fue presenciada por un gigantón de dos metros diez cuya expresión denotaba algún tipo de retraso mental ligero. El aprendiz de fascista se lo quedó mirando. No se atrevía a atacarlo porque aunque tuviera poca inteligencia, sin duda estaba bien dotado de músculos. Por eso le explicó:
    - Estamos en España, así que los nombres tienen que ir en español. Y además, es así porque a mí me sale de los cojones, ¿has entendido?
    El gigantón se limitó a asentir con la cabeza.
    Un año más tarde, el aprendiz de fascista acechaba por la periferia la localización de chabolas de emigrantes a los que atacar. De repente notó que lo cogían de la camisa hasta quedarse en volandas a un metro por encima del suelo. Antes de que se diese cuenta, aterrizó entre una piara de simpáticos cerdos encerrados en un antiguo algibe, los cuales no interrumpieron más que unos segundos sus tareas alimentarias para enseguida seguir a lo suyo sin darle mayor importancia a la presencia de aquel extraño que acababa de unirse a ellos.
    El aprendiz de fascista levantó la cabeza y vio en lo alto del algibe al gigantón que le sonreía. Con expresión infantil, antes de que el aprendiz de fascista le pudiese lanzar cualquier queja, el gigantón le dijo:
    - Hueles a cerdo, así que tienes que vivir entre cerdos. Y además, es así porque me sale de los cojones, ¿has entendido?




    The apprentice fascist saw that name written in Basque on a mailbox of his own building. He didn't hesitate: he produced a marker, wrote the original name off and rewrote it as Isabel instead of Itsaso; he fancied that was the equivalence in Spanish.
    The whole scene had been watched by a giant being 2.10 metres high whose expression showed some kind of slight mental delay. The fascist apprentice glanced at him. He didn't dare to attack him, the giant was a mountain of muscles. Therefore he explained:
    "We are in Spain, so names are to be in Spanish. And besides, it's like that because I can't be arsed, you got it?"
    The giant just nodded.
    One year later, the apprentice fascist was lying in wait of immigrants in the shanty town who could become eventual targets of attacks. Suddenly he noticed he was raised in the air seized by his shirt until he remained floating one metre high. Before he could react, he was thrown to an old reservoir and landed on the floor. He met there a herd of nice pigs that were kept there. The animals broke their activity off for a while, but then they went on eating, ignoring that stranger who had joined them.
    The apprentice fascist raised his eyes and saw the giant on top of the reservoir, who was smiling at him. Before the apprentice fascist could complain about his situation, the giant said:
    "You stink like a pig, so you have to live among pigs. And besides, it's like that because I can't be arsed, you got it?"

1 comentário:

Laura Caro disse...

Cada uno recoge lo que siembra.
Al menos eso ocurre casi siempre.
Un beso.